El Baile del Escorpión

"Te tomé de los hombros y te quedaste mirándome fijamente. Sin parpadear. Me dí cuenta de que la mirada del Escorpión es más aguda que el veneno que recorre sus entrañas. Pero luego cambiaste el tema, sonreíste, parpadeaste y se perdió la adrenalina del momento. Te llevé a un parque olvidado y polvoriento que nos quedaba cerca, y ahí nos sentamos en una banca. Entre el momento en que nos sentamos y el momento que nos besamos pasaron unos 10 minutos, durante los cuales hablamos de cosas que no sirven para nada.

Luego llegó, elegante e inevitable, el beso.

El Beso me hizo pensar, por momentos, que estaba perdido. Que la sustancia tóxica activa que llevabas en tu cuerpo arácnido estaba adentrándose lentamente en mis entrañas. Y ni eso me hizo apartarme de tí, porque nadie me dijo nunca que el veneno que una Escorpiona transmite cuando te besa es increíblemente adictivo, para aquellos que de cualquier manera ya están condenados."


Rocalfo.

lunes, 30 de noviembre de 2009

...

Porque me atormentas, alma mía ¿Qué no es tuya mi vida? ¿Qué no es tuyo mi cuerpo, mi espíritu, mis logros? No me rechaces, ten caridad de tu humilde cortesana, átala de nuevo a la puerta de tu casa, no dejes por razón alguna que sus labios produzcan otro nombre que no sea el tuyo, haz que predique fidelidad ante todo el mundo. Amor, amor, dime, dime ahora ¿Dónde es que mi ser se pierde? será acaso entre las rocas, en algún suspiro, entre tus rizos; dime, dime y no me desconsueles, no ahora que me desangro, no ahora que mi garganta raspa, no ahora que mis lágrimas simulan sosa caustica.


Amor, he pecado por servir a otro amo, he pecado por no entregarme a tus goces, he pecado por no permitirme sentir tu inmensidad y la mía, por buscar mi equilibrio en la insensibilidad; he renegado de mis deseos, de mis anhelos, de ti mi noble caballero. Y ahora, ¿qué hago? Dime, ¿dónde me hundo, dónde me escondo? No puedo con la vergüenza, con la deshonra, con mi afrenta; no puedo con el llanto y la agonía, dime lugar alguno para gritar, para que mis manos desmoronen rocas, para que despedacen raíces, para que me liberen de mis ropas.

Amor, amor, por vida tuya responde, apiádate, que no ves esta mujer deshecha, que no ves lo mucho que me pesas, no es evidente mi herida, mi incierto yugo. Amor, amor, dime si sólo a tu camino traje desgracias, si no bastó con mi alivio y mis ganas. Amor, amor, ven y limpia mis lágrimas, rodea mis mejillas y roba mi garganta, aprisióname en tus brazos de nuevo, no me sueltes, no lo hagas, espera a que mi aliento cese, espera a que me muera por partes, espera y guarda esa imagen.

Amor, amor, mi espalda se rompe, mis dientes rechinan, mis manos impotentes buscan aferrarse a ti y, ¿dónde estás amor, dónde? Que no te siento, que no te veo; y cómo hacerlo si libre te solté, si poco a poco te ahuyenté, si el miedo fue más grande que mi fe.

Amor, amor, perdona si esto te fastidia o te abruma, perdona mis constantes llamadas, perdona mi aferramiento, perdona la falta de consciencia hasta ahora, perdóname la vida, pero no me la devuelvas, que continúe en tu pecho, que padezca en tus manos.

Amor, amor, no es demasiado ya este sufrimiento, ven y dame fin, ya no puedo sin ti ¿qué es derrochable lo que expreso, acaso no se entiende mi arrepentimiento?

Amor, amor, ven por mí, ven por mí, amor, amor… por favor. Déjate sentirme tuya una vez más, haz jurar de nuevo que nunca te irás, llévame al polo opuesto de tu eternidad. No basta el dolor en comparación de tu sacrificio, basta entonces mi amor, eso tu dímelo.

lunes, 5 de octubre de 2009

Los prados secos de tu mente

¿Recuerdas aquella mañana? Ja ja ja… yo sí, como si fuera ayer. Aquel revolcón que nos dimos en los prados ya secos del colegio. Tentación, esa divina palabra que movió tu mundo por completo, sabes a qué me refiero.




-          Darla, ¿te puedo decir algo?

-          Adelante Gabo, dime.

-          Te traigo tentación.



Mi mundo también sufrió mil y un desastres, aunque he de admitir, no tan estrepitosos y alienígenas como los tuyos. Al ponerme en tus zapatos, veo lo difícil de tu situación: “Tengo novia y deseo a otra”, y no a cualquier otra, es necesario agregar, nada más ni menos que a tu estrellita no fugaz, aquélla que dijiste te duraría por siempre e iluminaría tus cielos toda la vida. Creo que lo he cumplido, desde hace ya casi 8 meses, bien aderezados a punta de besos, abrazos, endulzamientos de oído y, por supuesto, peleas; no me he separado de ti. Iniciaste como un pretendiente, y ahora, eres uno más de ese montón que me busca cuando sus novias no los llenan. ¿Sabes algo? No olvido la mañana en que tus manos se perdieron bajo una sudadera rosa y mi apretada blusa azul, tus manos no podían parar, mucho menos tus labios que por más delicadeza que disimulaban terminaron descubriendo puntiagudos dientes moliendo a mordidas mi pecho y mi torso. Tus ojos perdidos, vaya que en blanco estaban, por supuesto que no la creías, no podías. Todavía en mi mente tus palabras hacen eco, sabes a lo que me refiero,  ¿cierto? Digno cobarde, hunde tu cabeza, esconde tu vergüenza en lo más profundo de tus hombros. Mira que la infidelidad es para profesionales, no para aficionados como tú; personas torpes en el arte de las maniobras pasionales.



-          Darla, no cabe duda, después de esto me queda claro lo mucho que amo a mi novia.

-          Bueno, y ¿por qué lo dices mijo?

-          Porque a mí me llena su alma, y no su cuerpo. Por lo mucho que he resistido a su lado, sin nada más que sus clásicos, pero tiernos besos.



¡Ay corazón!, ¡qué risa me dio! Tú me buscaste precisamente por eso, porque ella te aburrió, porque necesitabas más, y eso, yo te lo di. No has entendido, que de mí nadie se olvida, que mis besos son adicción pura, no has aceptado que tú necesitas a una mujer y no a una niña. Tú, vida mía, tú, no la amas, quieres protegerla no hay duda, quieres sentirte amado y quién mejor para demostrarlo que una mocosa de quince años, de esas simplonas que se esclavizan ante un falso dios, ante un falso amor que las transforma a su antojo y las domina, a su primer amor. Sabes que no me equivoco, que los oídos te sangran ahora mismo;  sabes que yo jamás seré “tu niña”, porque yo, yo no soy de cualquiera, puedo llenarme de situaciones banales, pero ninguno de los tuyos saciará mi alma, porque ninguno tiene las suficientes agallas para hacerlo, porque ninguno, ninguno, puede reparar los daños que otro hizo. Lo intentaste, aún así, terminaste siendo tan poquita cosa para mí. ¿Qué se siente, haberlo dado todo y quedar en ceros? ¿Qué se siente, amar perdidamente y sólo ser deseado y si es que lo eres? Ves entonces por qué me alimento de sus desdichas, porque no me importa ser la zorra o la puta, al fin y al cabo son míos, míos, repito. Sus mujeres los creen perfectos, los creen morales y caballeros, cuando en realidad van y se refugian en mi cuerpo, en los placeres mundanos de la vida. ¿O no Paco?

martes, 29 de septiembre de 2009

En el Funeral

 


Ayer, alrededor del mediodía sonó el teléfono augurando una nada linda o amabilísima noticia, un funeral. Ayer a estas mismas horas yo iba rumbo a la Funeraria Hernández, ubicada en Barragán. El día estuvo lluvioso y la noche era cobijada por un frío locuaz que se pelaba por debajo de las faldas y el entrepiernado de los caballeros; abrazar nuestros cuerpos no era suficiente, nos decidimos a entrar, y casi nos da el válgame con el montonal  de gente, para acabarla todos de rancho. Tremenda juntación, antes ya hecha, nunca imaginada de nuevo. Mezquitillo, Cañitas, Fresnillo y, por supuesto, Aguascalientes hacían presencia. Mis ojos no pudieron evitar ver el nacuérrimo ambiente engalanado, claro, por mis siempre rascuachos primos y su finura de señoras. Sin duda parecía un baile  de pueblo, tan poca educación mostraron, que a mi andar, todos se quedaban en pleno sofoco, de milagro los indefendibles y nada elegantes varones  pudieron con aquella situación de bochornísimo. A todo esto, ni he mencionado al culpable de este circo; el marido de la hermana de mi bisabuela, o sea, el tío de mis tías abuelas.



Era increíble ver aquel mar de generaciones unidas, los más lejanos parientes lloriqueando sin ton ni son; mientras tanto, las nietas en proceso de ligue o faje, lo que primero se diera. Al entrar propiamente al cuartito de velación, no a la sala donde fui victima de dicho porqueral, cumplimos con los requisitos de cortesía, un saludo muy respetuoso a todos los que ahogan la sala y nos hacían el favor de realizar el saludable intercambio de alientos. Inició la ronda de saludos, abrazos y besos, que si las hijas, que si los nietos, que si los hermanos, que si la viuda… ¡la viuda! ¿Dónde estaba la viuda? La viuda estaba en su casa, derramando bilis porque al hombrezuelo de su marido (por no repetir palabras en las que ella ponía en duda sus preferencias y actividades sexuales) se le ocurrió morirse; al muy osado se le dio la reverenda gana de antiagobiarse e iniciar la jubilada de su matrimonio, iniciando sus infielatorios pachangones con las abuelitas ya cascaloteadas del más allá. 



Durante toda esta curiosoide noche, me di cuenta de que nos es más que imposible no apoderarnos de las penas de los otros. En cuanto di el primer abrazo a las ahora huerfanas afectadas, demás de mega empastilladas ¡zaz! Que mi garganta se cierra y los ojos se llenan de un líquido que los tiñe medio rojillos. Es tan, tan, pero tan, tontisimísimo preguntar a los antagonistas: ¿Cómo están? ¿Qué tal siguen?; ¿Así o más oportunos? Mi madre no dejó descansar los lagrimales en toda la noche, al igual, que no dejó de presentarme a todo él que se le atravesaba y obstruía su panorama VIP a la cajita del difunto. Al inicio del nuevo día partimos a nuestro hogar, al igual que toda la sala que nos hizo el favor de aparentar. La familia se quedó sola, y entonces pensé: “¿De qué le sirvió al maestro (porque el señor fue catedrático) dedicar su vida a la sociedad?”. Se acabó la fiesta ¡ah no! Hoy de nuevo al mismo dramononón.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Reproche a un amante


Me encanta que beses mis mejillas, mi rostro en general; claro, sin rozar más que las orillas de mis labios, no hagamos a la gente murmurar; rodeas mi cuello de tus mieles y mi oído se encandila con el tronar de tu boca, ese choque irremediable. Me encanta que me abraces, que me estrujes, que me ames… que de la nada me dejes sin aire; que te aferres a mí como un niño a las faldas de su madre, que en mi aliento, tú encuentres respuesta a aquellas vanas fantasías que reprimes por estar con ella. A fin de cuentas, dime, ¿quién es ella en tu vida? Si soy yo la que te baña en caricias, la que despierta ese apetito, la que incita aquel felino enjaulado; a la que celas y defiendes a pesar de cualquiera. ¡Responde! ¿Quién es ella? Yo soy quien vuelve realidad tu mundo; tu consuelo, tal vez no el único, pero si el incondicional refugio, ¿a quién más sino a mí debes ofrecer el sublime sentimiento tuyo? No digas más amado amante… no digas más, que todo lo sé… sábete únicamente que mi sentir como llegó se puede ir…

miércoles, 2 de septiembre de 2009

De vuelta a donde inicié


Un día de abril, dolida por mal de amores, le pregunté a una querida amiga: “Dime, ¿Dónde están los milagros hoy en día? Porque en mi vida únicamente existe dolor y angustia”. Ella me respondió: “Vane, ¿sabes cuál es el verdadero milagro de esta vida? El sufrir por un amor y todavía así tener el anhelo de volver amar, el azotar tu espíritu por una persona y aunque ella te desilusione, tú seas capaz de volver a amar, de ir pegando poco a poquito cada pedacito de tu alma para entregarla a alguien más”.


Sus palabras en el momento no me reconfortaron, yo no creía en volver a enamorarme, había entregado todo y hasta lo que en mis manos no estaba, tenía en mi cuerpo un corazón, que como fuente, no paraba de fluir el agua y se dejaba llevar por la corriente. Transcurrió el tiempo y con él mi dolor, mis noches de insomnio, cada grito asfixiante; por mi vida desfilaron variadas personalidades masculinas, prometiendo un futuro mejor, prometiendo llenarme de ellos, de su esencia; regalarme sus sueños y contemplarme en sus planes, eran sus prioridades, su estandarte, su bandera; yo no era otra conquista para agregar a la lista, todos mentían y como fueron llegando, así mismo sola me dejaron. De repente llegaba un vago recuerdo de aquel hombre que se llevó mi vida dejando miseria y amargura; me daban ganas de correr a sus brazos, degustar sus labios, de ahogarme con su lengua en mi garganta, sin embargo, no podía, algo en mí ya no me permitía volver a la agonía, a su dulce infierno. Venían cosas nuevas para mí, sólo en eso quería pensar y no más.


Las horas se hacían más cortas y con ellas mis vacaciones terminarían anunciando mi entrada a la universidad, desde el primer momento que mi pie tocó aquel verdísimo pasto, siendo ya alumna oficial de mi ahora máxima casa de estudios, las brisas me dieron un fuerte abrazo erizando mi cuerpo, los salones y edificios bañados en calidad y prestigio parecían todavía más altos, mi cuello no soportaba eso, mas mi rostro disfrutaba tanto el panorama, el orgullo que en mi boca se reflejó en forma de sonrisa era augurio de prosperidad. Entonces fue cuando su aura se topó con la mía, su mirada se clavó en mis ojos, mis mejillas hervían y no paraba de reír; su nombre único e irrepetible para mí, después de él no habría nada más. Al presentarnos, su mano se robó la mía, y ambas nos pedían no dejar de estrecharlas, por fin estaban juntas, años esperando el encuentro no eran merecedoras de un cortante desplante, sin embargo nosotros no fuimos los causantes de su despedida. El primer día de clases de la nada nos abrazamos, un abrazo lleno de comodidad sazonado con una curiosa pero divertida charla, dicho gesto dio pie a conversaciones después de clases, detrás de la Biblioteca Central justo en el Jardín de las Banderas, dos o tres horas hablando de todo y de nada, hace casi dos semanas un miércoles nos revelamos el gusto del uno por el otro, el jueves cuanto nos queríamos y el viernes me propusiste ser tu dama. ¿Cómo decir que no? Después de tantos coqueteos, de dedicarle escritos al contenido de mis ojos, de sonrojarme en cada una de las clases, de sentir tu cuerpo temblando, después de estremecer mi vientre. Un destello salía de mi mirada proyectando por fin el contenido de mi alma, mis amigas lo notaban, encantas disfrutaban de mi amor y tranquilidad. Me presumiste entre los tuyos, me sentía contenta, parte de tu vida, pero nada es perfecto.


Hoy terminamos, una discusión por tu migraña fue el tronco que desprendió montones de sentimientos en cada rama, miles de conclusiones relacionadas con tu ego, algunas lágrimas y un último beso; argumentaste que eras tú y no yo… ¿Qué crees? No te creí. Tal vez te pedí lo innecesario, te asusté, te atosigué, en fin, no lo sé. Me fui antes de llorar y tener que rogarte que no me abandonaras, que no permitieras que ese miedo a la soledad me hiciera caer en los brazos del demonio otra vez… pero así debe de ser, tal vez ésto jamás debió ser; dejé tu cálido abrazo, ya no escucharía jamás ese inquieto corazón que hoy no dijo nada, y por única ocasión tus labios no temblaron al besarme, en mis ojos ya no hay nada, se rompió el espejo en el que te reflejabas, el lago donde veías tus profundos deseos. Di el primer paso, mi cabeza cayó y con ella una pequeña gota de amor.

miércoles, 19 de agosto de 2009

Unicamente en ti la respuesta está


En mis ojos hay dolor y miseria; recuerdos que desgarran mi alma y hecha cientos de girones se preserva, esperando sin duda, algún día, retomar su divina su forma y cumplir de nuevo con su cometido, amar sin mesura. Dentro de mí encontraras la ilusión, esperanza, que como un destello se dispara al momento en que tus ojos penetran en mis entrañas, después de ti llega mi calma y retomo aquellos anhelos hace tiempo calcinados por el ego. Es tremendo mi afán al procurarte, el calor que desata cada abrazo y beso tuyo, la guerrera de mí sale y proclama un cuento de color rosa acompañado de colosales castillos en el aire. Ahora bien, dime tú ¿Qué es lo que llevo en mis ojos? Llevo tu más recóndito deseo, en mi pupila proyectas tus más grandes sueños y sé que pretendes me apodere de ellos; soy lo que me pidas que sea, tú y yo sentimos lo mismo. El mercurio en mis ojos lo ignoro, mas, tu mirada me dice lo contrario; provocas en mis malares un ardor indiscutible, tornado mis pómulos en pleno atardecer, todo esto al indagar en mi persona, efecto de tu intrépida mirada buscando respuestas en la mía.

domingo, 25 de enero de 2009

El pergamino sagrado

Hoy quisiera compartir "El pergamino sagrado" este es uno de los capítulos del libro "La Princesa que creía en los cuentos de hadas". A pesar de que tuve la oblación de leerlo disfrute mucho y aprendí aun mas, por alguna razón que me gustaría saber, me sentí proyectada en Victoria, la protagonista. En fin a continuación el pergamino sagrado, que no dice nada que no sepamos, sin embargo, todo sabemos y nada hacemos...

EL PRIMER PERGAMINO SAGRADO
Creemos que estas verdades son evidentes...
Aunque muchas veces no lo son.
I
Somos, ante todo, criaturas del universo:
completas, bellas y perfectas en cada detalle,
siguiendo los deseos del infinito.
Así pues, nos merecemos por derecho natural
ser amados y respetados, y es nuestro deber no
aceptar nada más.
II
Así como todo el océano puede verse en una
gota de agua, también nosotros somos la
esencia de la vida. Al igual que la marea
sube y baja, también nosotros nos movemos
con el flujo de la vida, aceptándolo que la
única constante es el cambio y que todo es
como tiene que ser, aunque muchas veces
no sepamos por qué.
III
En los brazos de la debilidad esta la fuerza,
ansiosa de poder salir. En las garras del
dolor, el placer que espera su momento. Y
en un camino lleno de obstáculos, la oportunidad
que se presenta con ellos. Esto es lo que nos
brindan estos maestros en nuestras vidas y
debemos de estarles eternamente agradecidos.
IV
Formamos parte de un gran plan
que no depende de nosotros.
Todos tenemos un lugar reservado
en este gran proyecto
y una razón para existir.
V
La experiencia no es siempre la verdad, pues
aparece coloreada por los ojos de quien la ve.
Solo en el silencio de nuestra mente podremos
oír la verdad. La dulce voz que le habla a
nuestro corazón igual que un susurro, es la
voz del Creador que despierta dentro de
nosotros para que seamos conscientes de lo
que somos en realidad, de lo que se espera
que hagamos y de todo lo que ya sabemos.
VI
Cada momento nuevo es un banquete de
infinitas posibilidades. Cada día es una
exquisita fruta que espera ser escogida.
Una y otra vez, debemos recoger la cosecha,
comer hasta saciarnos sin derrochar, pues
muy preciado es lo que tenemos ante nosotros.
Y todo lo que es muy pronto sera pasado.
VII
Cuando caminamos por el camino de
la Verdad, sentimos como fluye dentro
de nosotros la belleza y la perfección de todo
lo que somos, de lo que son los demás y
del universo. Hemos elegido el camino de
la ternura, de la amabilidad, de la compasión,
de la aceptación y del aprecio. Nuestra
mente se llena con todas estas cosas y tal
plenitud crea amor en nuestro corazón que,
a su vez trae el amor a nuestra vida.
VIII
Cuando seguimos por el camino de la
Verdad somos conscientes también de que
lo que ocurre en nuestro interior es mucho
mas importante que lo que hemos dejado
atrás o lo que ven nuestros ojos. Pues lo
que sentimos en nuestro interior es nuestro
mayor tesoro, la grandeza del universo
es si mismo.
Pues bien, todo el libro se resume a esto y en verdad que puede sonar tonto, pero en esto se nos va la vida, en vivir un cuento de hadas, que no tiene que ser como los demás.